Aumenta el ritmo de las pulsaciones en las cuerdas de mi reloj de noche.
Se impacienta cada vaso que suministra sangre y cordura a mis pensamientos.
Me rodea un soplo de nada que acaricia las pupilas que te convierten en todo.
Se somete el absurdo a una lucha imperdonable con victoria de mi deseo y tu dulzura.
Abierto se queda el mundo cuando se cierra el pacto del sentimiento que domina el cosmos.
Tiembla la sonrisa del que dibuja la belleza al verse cegado con tu llegada.
Secuestran tus brazos lo poco que le queda a mi vida de ser mía por ser nuestra.
Se enamora el mar de tu visita temprana y anhela acariciar tu piel con su sal.
Atardece la mañana y adelanta tu llegada para parar el tiempo y ser, por lo eterno, un alma.
Se impacienta cada vaso que suministra sangre y cordura a mis pensamientos.
Me rodea un soplo de nada que acaricia las pupilas que te convierten en todo.
Se somete el absurdo a una lucha imperdonable con victoria de mi deseo y tu dulzura.
Abierto se queda el mundo cuando se cierra el pacto del sentimiento que domina el cosmos.
Tiembla la sonrisa del que dibuja la belleza al verse cegado con tu llegada.
Secuestran tus brazos lo poco que le queda a mi vida de ser mía por ser nuestra.
Se enamora el mar de tu visita temprana y anhela acariciar tu piel con su sal.
Atardece la mañana y adelanta tu llegada para parar el tiempo y ser, por lo eterno, un alma.
Mi llegada en cuatro días, la impaciencia me ataca cada hora, cada minuto, cada segundo. Prometo que será especial, como siempre
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